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Cannabis y conducción: menos confianza al volante

Un estudio de DEKRA y sus colaboradores analiza los efectos del cannabis en la conducción mediante un simulador.

  • El estudio combina encuestas, análisis de sangre y pruebas de conducción antes y después del consumo.

  • La velocidad media aumenta tras consumir cannabis.

  • Los consumidores no siempre son capaces de valorar con precisión la cantidad de THC presente en su organismo.

Consumir cannabis reduce la confianza de algunas personas en sus propias capacidades al volante, pero no necesariamente hace que conduzcan con mayor precaución. De hecho, un experimento realizado por DEKRA en colaboración con la Universidad Técnica de Dresde y el Instituto de Seguridad y Salud en el Trabajo (IAG) del Seguro Social Alemán de Accidentes de Trabajo (DGUV) ha constatado que la velocidad media aumentó tras el consumo de cannabis.

El estudio analizó cómo influye el cannabis en la percepción que tienen los conductores de sus propias capacidades, en la sensación de estar bajo sus efectos y en su comportamiento al volante.

En el experimento participaron 41 personas con permiso de conducir y experiencia al volante, con una edad media de algo más de 24 años. Los investigadores realizaron entrevistas y tomaron muestras de sangre antes y después del consumo para medir los niveles de THC, el principal compuesto psicoactivo del cannabis.

Cada participante completó tres pruebas de conducción de 20 minutos en un simulador: una antes de consumir cannabis, otra 30 minutos después y una última dos horas después.

«Para la prueba, se pidió a los participantes que consumieran una cantidad habitual de cannabis, similar a la que tomarían para relajarse después del trabajo», explica el doctor Thomas Wagner, psicólogo del tráfico de DEKRA y responsable de sus centros de evaluación de la aptitud para conducir en Alemania.

Menos sensación de seguridad al volante

Los investigadores evaluaron el grado de alteración percibido por los participantes mediante una escala de cinco niveles, desde una ausencia total de efectos apreciables hasta una alteración grave.

Treinta minutos después del consumo, el 63 % de los participantes afirmaba sentirse ligeramente afectado. Dos horas después, el porcentaje había descendido al 49 %. Ninguno declaró experimentar una alteración grave.

También se les preguntó si se consideraban en condiciones de conducir con seguridad. Antes de consumir cannabis, todos respondieron que sí. Sin embargo, 30 minutos después, solo el 17 % seguía considerándose apto para conducir. Dos horas después, el porcentaje ascendía al 49 %.

El estudio también detectó diferencias según los hábitos de consumo. Entre quienes consumían cannabis con mayor frecuencia, los niveles de THC en sangre parecían influir menos en la percepción de su propio estado que entre los consumidores menos habituales.

Más velocidad y dificultades para mantener la trayectoria

Para evaluar el comportamiento al volante, los participantes condujeron por un tramo simulado de carretera secundaria de 800 metros, sin línea central y con un límite de velocidad de 80 km/h. Durante la prueba no se produjeron situaciones que exigieran una reacción de emergencia.

Uno de los resultados más llamativos fue el aumento de la velocidad media después de consumir cannabis. Los participantes circularon más rápido que durante la prueba realizada en estado sobrio y, en algunos momentos, uno de cada diez llegó a superar considerablemente el límite de velocidad.

El experimento también analizó la capacidad para mantener el vehículo dentro del carril. Treinta minutos después del consumo, el 39 % de los participantes se desvió de forma significativa de la trayectoria ideal. Dos horas después, lo hizo el 32 %.

No obstante, los resultados no fueron iguales para todos: algunos participantes mantuvieron mejor la trayectoria después de consumir cannabis que durante la prueba inicial.

En general, los niveles de THC en sangre registrados fueron relativamente bajos. Según Thomas Wagner, esto concuerda con la percepción de los participantes, que en su mayoría declararon sentirse ligeramente afectados. Sin embargo, esa menor confianza en sus capacidades no se tradujo en una conducción más prudente.

«A diferencia de lo observado en otros estudios, no detectamos una reducción de la velocidad media tras el consumo de cannabis. Al contrario, la velocidad aumentó», explica Wagner.

Este resultado apunta a una menor tendencia a respetar las normas de tráfico, incluso cuando los propios conductores perciben que sus capacidades pueden estar mermadas.

La percepción del propio estado no siempre es fiable

Valorar los efectos del cannabis no siempre resulta sencillo. La cantidad de THC presente en un porro, por ejemplo, puede variar considerablemente, por lo que los consumidores no siempre saben qué cantidad de esta sustancia están tomando.

«Al igual que otras sustancias psicoactivas, el cannabis afecta al sistema nervioso y, por tanto, a capacidades esenciales para conducir de forma segura», señala Thomas Wagner.

Los resultados ponen de manifiesto una diferencia importante entre cómo se sienten los conductores después de consumir cannabis y cómo se comportan realmente al volante. Aunque perciban una merma en sus capacidades, no necesariamente reducen la velocidad ni adoptan una conducción más cautelosa.

Para DEKRA, esta discrepancia refuerza la importancia de mantener criterios exigentes de seguridad vial al establecer los límites de THC permitidos para conducir.

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